
Somos vírgenes del horror, igual que del placer.
Louis-Ferdinand Céline
Recibí el disparo después de haber abandonado la ciudad.
Apuntaste demasiado alto,
justo a la altura de la boca
y no sentí dolor.
Los violines aullaron.
Un detective encontró tu mentira
en las sábanas de un motel.
Hubo llamadas telefónicas,
telegramas enfermos,
ningún cadáver.
Los ojos puestos en la fiera y la fiera
lejos.
Volví a la habitación.
Pensé que quizá ya todo daba igual.
Me pareció triste juzgarte
por un disparo.