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miércoles

Señor/ Tengo veinte años/ También mis ojos tienen veinte años/ y sin embargo, no dicen nada.

Alejandra Pizarnik


Cumplo 20 años y este poema es para cualquier 14 de abril. 

Robert Capa




Entona el dulce canto,
la invocación a la valiente ceniza.
Si tú los llamas,
ellos regresarán para volarnos
el miedo.
Si tú los llamas,
ellos te dirán la muerte es un Lázaro
dormido.
Entonces, cantas.
Siempre hay verdad en lo salvaje de la duda.
Y ellos regresan
a la memoria de los músculos 
oscuros,
para nombrar bajo una lápida
lo que no existe.

martes

Su música me lleva



Fotografías:
 Sacha Dumain

Hunde ese rostro salvaje en 
tu rostro para inventar
el fuego.
Mira cómo te nacen
 .                            desiertos
de las manos.


miércoles

Qué lengua lamiendo la proa.



La muerte siempre al lado.
Escucho su decir.
Solo me oigo.

Alejandra Pizarnik



Shane McAdams



Pensarte,Alejandra,
como un pájaro que nunca salió del
poema y no 
tener miedo ya
a pronunciar
tu suicidio.


lunes

Cumpleaños lejos de casa


Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

Pizarnik


He vuelto a nacer,
me lo dicen las blancas líneas
de tus manos.




Volar con Ryaner es acudir a un supermercado estratosférico. Pienso en ello mientras preparo la mochila. Pienso: Mañana no dormiré en esta ciudad. Cumplo años fuera de casa y Roma también puede ser una ciudad
que no se acaba nunca.

domingo

Los límites de la realidad


METAFICCIÓN


El infinito campo de los posibles se extiende
y si por casualidad lo real se presentara ante nosotros,
quedaría tan fuera de los posibles que, en un brusco desmayo,
iríamos a dar contra ese muro surgido de repente
Marcel Proust



¿Qué es real y qué no lo es? ¿Cuáles son los límites de la realidad, si es que verdaderamente existe?Eran las seis de la tarde y yo me dirigía a la facultad de Filosofía y letras para preguntar el horario del nuevo curso. Después de un verano exiliada a orillas del Mar Negro, en el lugar donde Ovidio escribió Las Pónticas, decidí coger el metro para volver a escuchar el sonido de los trenes al llegar a las estaciones. Plaza España. Línea amarilla y azul oscuro. De nuevo andares frenéticos, pulsos de minutero y nebulosa, sangre púrpura corriendo por los pasillos. Una vez en el vagón, al igual que Vila-Matas al llegar a París, yo también quise hacerme la intelectual y saqué de mi bolso Pornografía de Wiltod Gombrowicz para continuar leyéndolo. Al terminar la cena doña Amelia se levantó y pasó a las dependencias del servicio, pero los demás, ya animados por el vodka nos quedamos a bromear. Karol reía como un buen muchacho llenando las copas de todo el mundo. Observaré que Amelia cuando volvió se sentó de un modo raro, no tuve tiempo para cavilaciones porque enseguida se cayó al suelo. En el suelo había una mancha roja. (...)Levanté la vista del libro. Fuera de Powórna aún no había muerto nadie. En el vagón imperaba el bullicio de las horas puntas. Continué con mi lectura. Waclaw, el hijo de doña Amelia, agonizaba por la muerte de su madre. En ese preciso instante, mientras la agonía se prolongaba, cuatro cabezas más allá de la mía, un niño comenzó a llorar. -!Ameeeeelia, Ameeeelia!, !Ameeeeelia, Ameeeelia!-gritaba. Sentí un escalofrío. De pronto la ficción superó los límites de la realidad o la realidad superó los de la ficción. Entonces me imaginé que ese niño se llamaba Waclaw y que Waclaw volvía a los cinco años para llorar la muerte de su madre, buscando siempre la pureza. Y no sé por qué, me dio por pensar en que alguien en algún lugar estaría leyendo el mismo capítulo al mismo tiempo y que en el momento del llanto del niño Waclaw, también sintió el escalofrío. Porque después de todo, hacemos de nuestra vida literatura y confundimos la literatura con la vida y acabamos suicidándonos con la palabra, como Pizarnik. ¿Qué es real y qué no lo es? ¿Cuáles son los límites de la realidad, si es que verdaderamente existe? Al llegar a Moncloa hice trasbordo a la línea seis, los demás jóvenes llevaban alcohol en sus mochilas. Querían emborracharse porque habían acabado la Selectividad y la vida ahora, era bella. Subí las escalerillas. Torcí a la derecha. Comencé a caminar. Aún seguía en Powórna.

jueves

Nacidas del punk

Yo no quiero seducirte, tu ya has nacido seducida.
(Rafael Saravia)


-


Hijas del
Viento
Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik